Cuando era niña no me destacaba por mi originalidad, y por lo tanto detestaba la sopa, especialmente la sopa de verduras, esa que mi madre decía que me ayudaría a ser grande y fuerte.
Mi madre que siempre se ha caracterizado por su punche y fuerza de voluntad, me obligaba a tomarla, pero muchas veces lograba distraerme de tal manera que ni cuenta me daba de que me embutía desagradables apios, zanahorias, poros, papas, coles y zapallos (ocurría tambien que encargaba esta tarea a la abuelita Rosa, o la empleada de turno).
Ellas usaban diferentes técnicas para desviar mi atención del horroroso e interminable plato de sopa. Obviamente comenzaban con el típico avioncito, y enseguida enganchaban a la típica « una cucharada por tu papá, otra por la tía Gloria, esta por el chico guapo de la esquina, etc ».
Luego procedían a cazar a todo bicho que osara asomar su existencia por el comedor, porque yo aceptaba una cucharada por cada animalejo despanzurrado a matamoscasos.
Cuando ya nos quedaba solo la mitad de la sopa, debían recurrir a los fideos, los sacaban de todas las formas y colores, los ponían sobre la mesa y mientras yo los organizaba ellas me empujaban las verduritas con esa textura que tanto me desagradaba.
Si la situación se ponía un poco complicada, y no me daba la gana de abrir la boca, bajaban la caja de botones, broches y cierres. Eso casi nunca fallaba y espero nunca haberme tragado un botón, pero en todo caso los esparcía todos y por cada botón que yo rescataba de un rincón imposible de la sala, aceptaba feliz una cucharada (como premio?).
En los días de berrinche extremo, para poder quedarse contentas de haberme embutido toda la sopa, usaban la distracción mayor, la última opción, es decir « el cofre de joyas de mi madre ». Ella tenía ahí muchos collares, los habían con perlas de todos los tamaños y colores, los habían también dorados y plateados, yo podía jugar ahí con todo tipo de pulseras, de piedras o lisas, gruesas y delgadas. Era un pequeño cofre de tocador, estaba hecho en madera de color claro, tenía unos adornos en metal negro, era muy pesado y estaba lleno de magia.
Hoy que he tenido un día de mierda, hoy que de la rabia y la frustación me dieron ganas de caminar desde el trabajo a la casa, hoy que felizmente mi esposo y mi hijo no están en casa para obligarme a sonreir, hoy que no me da la gana de responder el teléfono a nadie, hoy, me estoy preparando una enorme sopa de verduras para mi sola. Le he puesto todo lo que encontré en la cocina, y la estoy dejando que hierva mucho para que las verduras dejen de estar crocantes.

2 comentarios:
mamacita linda, qué pachó? pobre mi reina. salió buena la sopa por lo menos? porque el otro día, en una coyuntura parecida, me hice una dieta de pollo que me salió tan asquerosa que terminé aun de peor humor.
La sopa salió buenaza!!!
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