Estoy convencida de ser una mujer moderadamente celosa, emoción que tiene sus matices dependiendo de la persona con la cual tenga un vínculo.
De mis novios, en general sentía celos, que estaban relacionados con la necesidad de tener la exclusividad. No es que tuviera «mucho» miedo de que me dejaran por otra, es que me daba rabia que pudiendo yo seguir saliendo con otros chicos, solo saliera con él, y entonces esperaba como mínimo que tuvieran ojos, atenciones y caricias solo para mí.
Admito que con algún novio llegué a sobrepasar mis propios límites, pero no fue por puro y romántico amor, era más bien la consecuencia de haber asumido un compromiso en una relación a pesar de no estar 100% enamorada. Pasó que yo «creía» en esa relación, «sentía» que valía la pena (para que valía la pena ? pues, ni idea… !) y asumía mi decisión y entonces la posibilidad de la infidelidad me parecía más aberrante y ofensiva que de costumbre: «sería el colmo, que encima de todo, este huevas me ponga los cuernos».
En todos los casos con mis ex-novios, los celos se me pasaban al pensar que a la primera sospecha de infidelidad, yo les pagaría con la misma moneda, sin dudas ni murmuraciones, y después de eso los dejaría y pasaría a otro tema.
Ahora siento celos de mi marido y la sensación que me producen es una novedad. De él me siento enamorada y disfruto tanto de su compañía que puedo fácilmente imaginarme que alguien se interese en él con el consiguiente riesgo de que él le de bola. La diferencia es que ahora no me imagino poniéndole los cuernos ante la menor sospecha y entonces me siento un poco desarmada.
En relación a mis padres, nunca he sentido muchos celos porque le prestaran más atención a mi hermana. Creo que repartían medianamente bien sus afectos entre nosotras y nos daban diferentes tipos de atención, por lo que ambas salíamos ganando en roles tan opuestos como «hacer la payasa» o «ser la primera en aprender a leer y escribir».
De mi hermana siempre he sentido celos, porque nuestra relación ha sido desde el inicio fusional, con mucho amor combinado con dosis de rabia, competencia y reproches. Mis celos, respecto a ella, eran de las personas que llegaban a su vida y que hacían que compartiera menos tiempo conmigo, eran de las decisiones que tomaba con lo que se hacía cada vez diferente, más fuerte, más independiente, más interesante. Pero esos celos siempre fueron infundados porque he comprobado que a pesar de todo ella está siempre ahí para mí y que mi presencia siempre es bienvenida para ella.
Ahora ella está viviendo una nueva experiencia y aunque la acompaño de cerca no sé que es lo que va a cambiar entre nosotras. De nuevo siento celos, celos ambivalentes porque quizá esté por llegar alguien que sea tan o más importante que yo en su vida y porque quizá ese alguien se convertirá en un buen motivo para seguir como hasta ahora... o mejor.
De mis novios, en general sentía celos, que estaban relacionados con la necesidad de tener la exclusividad. No es que tuviera «mucho» miedo de que me dejaran por otra, es que me daba rabia que pudiendo yo seguir saliendo con otros chicos, solo saliera con él, y entonces esperaba como mínimo que tuvieran ojos, atenciones y caricias solo para mí.
Admito que con algún novio llegué a sobrepasar mis propios límites, pero no fue por puro y romántico amor, era más bien la consecuencia de haber asumido un compromiso en una relación a pesar de no estar 100% enamorada. Pasó que yo «creía» en esa relación, «sentía» que valía la pena (para que valía la pena ? pues, ni idea… !) y asumía mi decisión y entonces la posibilidad de la infidelidad me parecía más aberrante y ofensiva que de costumbre: «sería el colmo, que encima de todo, este huevas me ponga los cuernos».
En todos los casos con mis ex-novios, los celos se me pasaban al pensar que a la primera sospecha de infidelidad, yo les pagaría con la misma moneda, sin dudas ni murmuraciones, y después de eso los dejaría y pasaría a otro tema.
Ahora siento celos de mi marido y la sensación que me producen es una novedad. De él me siento enamorada y disfruto tanto de su compañía que puedo fácilmente imaginarme que alguien se interese en él con el consiguiente riesgo de que él le de bola. La diferencia es que ahora no me imagino poniéndole los cuernos ante la menor sospecha y entonces me siento un poco desarmada.
En relación a mis padres, nunca he sentido muchos celos porque le prestaran más atención a mi hermana. Creo que repartían medianamente bien sus afectos entre nosotras y nos daban diferentes tipos de atención, por lo que ambas salíamos ganando en roles tan opuestos como «hacer la payasa» o «ser la primera en aprender a leer y escribir».
De mi hermana siempre he sentido celos, porque nuestra relación ha sido desde el inicio fusional, con mucho amor combinado con dosis de rabia, competencia y reproches. Mis celos, respecto a ella, eran de las personas que llegaban a su vida y que hacían que compartiera menos tiempo conmigo, eran de las decisiones que tomaba con lo que se hacía cada vez diferente, más fuerte, más independiente, más interesante. Pero esos celos siempre fueron infundados porque he comprobado que a pesar de todo ella está siempre ahí para mí y que mi presencia siempre es bienvenida para ella.
Ahora ella está viviendo una nueva experiencia y aunque la acompaño de cerca no sé que es lo que va a cambiar entre nosotras. De nuevo siento celos, celos ambivalentes porque quizá esté por llegar alguien que sea tan o más importante que yo en su vida y porque quizá ese alguien se convertirá en un buen motivo para seguir como hasta ahora... o mejor.

2 comentarios:
celos de un gusano?? no way darling (por casi todo lo demás, solo puedo decir que igualmente)
Resultados al 28/12/2008
Bebé: 1
Fiore: 0
Publicar un comentario