El sábado pasado le pedí a mi esposo que me acompañara a la fiesta de cumpleaños una amiga peruana. Aunque mis ímpetus juergueros han menguado un poco, me provocaba ir porque estaba segura de que pondrían alguna salsa y entonces podría ver a Mickey poner en práctica los 10 pasos de baile que conoce y que ensaya 20 segundos cada 17 días.
Al llegar encontré que había música en vivo, había cinco chicos vestidos con ropa "típica" de latinoamérica (si algo así existe) y tocaban guitarra, charango, tambor, zampoña y demás.
Luego del pisco-souer de bienvenida, el ambiente que había me hizo sentir casi como en una buena fiesta de familia o como en una de las "primadas" (reuniones mensuales de los primos del lado de mi padre).
Al ritmo de un buen huaylas, los pocos peruanos saltaron al medio de la sala y cogieron de las manos a quién tuvieran al lado, belgas o peruanos, para hacer un círculo que se acercaba y alejaba de la santa que feliz zapateaba, rodeada pero sin perturbarse.
Mi amiga desde el centro del círculo, movía la cabeza con una gracia que me hacía recordar a mi tía Anita, cogía los bordes de su lindo vestido dorado y los sacudía con ritmo y coquetería como mi tía Frida lo haría, y tenía ese gesto en la cara, mezcla de coquetería, vergüenza y entusiasmo que me recordaron a mi madre.
La siguiente canción fue un huayno y una tía de la cumpleañera me sacó a bailar, y ella zapateaba tan lindo que nos cogimos de las manos para dar vueltas mientras seguíamos dándole al piso (ella con mucha gracia y yo con muchas ganas), luego me sorpredió de un caderazo y yo muerta de risa le devolví el favor y así empezamos a bailar alrededor de la pista buscando con quién intercambiar caderazos y seguímos bailando muertas de risa.
Antes de irse, los músicos se lanzaron con el huayno que dice "este pollito que tú me regalaste, este pollito…pio, pio, pio, siempre me dice" y entonces casi todos los invitados estaban bailando. Como buenos alumnos, los belgas intentaban zapatear, pero más bien saltaban, también se cogían de las manos, pero más para hacer la ronda al estilo europeo y algunos atrevidos empezaban a empujarse, pero con las manos y no con las caderas era un especie de pogo, lo que hacían). Mi esposo que miraba un poco sorprendido, quiso saber de que hablaba la letra de esa última canción que yo había bailado con tantas ganas: "habla del pollito que tú me regalaste"…"yoooo?"…, pero yo ya estaba siendo arrastrada por alguna prima de la agasajada entusiasmada por una canción del Grupo 5 de Chiclayo, creo!! Todas las chicas peruanas se sabían de memoria las letras y las bailaban sin parar. Como yo no conocía mucho, aproveché para probar la comida, que no estaba nada mal.
Finalmente pusieron un par de salsas y mi marido pudo probarme cuanto ha avanzado y en todo caso mientras bailamos abrazados podríamos a decir que se desenvuelve bien. Antes de irnos pude bailar y cantar "el santo cachón", muerta de risa, llena de recuerdos, sorprendida de las estúpidas letras que nos hacen bailar sin querer parar.
Ha pasado casi una semana de esa fiesta y sigo canturreando sin qué ni porqué, mientras camino, tecleando, cepillándome los dientes, y eso me hace reírme de mí misma o es que eso es lo que suele llamarse estar contenta?...

1 comentario:
busca el juicio muchacha, ajuciate
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